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martes, 18 de enero de 2011

Las Frases Malditas de la Dramaturgia.


Tienes dos minutos para convencerme de que tu historia vale la pena.
Anónimo.

De dónde salieron.

Desde hace muchos, muchos años, rondan en el universo de los dramaturgos, de los novelistas, de los guionistas y libretistas, de los cuentistas, narradores y de casi todos los escritores en general, una serie de pautas, frases, axiomas, postulados, no sé que nombre exacto darles, que con el tiempo se han convertido en mitos, en verdades a la fuerza. 

Moisés rompiendo las tablas. Gustavo Doré

Es difícil conocer su origen, saber quien los inventó, más teniendo en cuenta que se repiten a diario en salones de clases, talleres de narrativa, libros de dramaturgia y especies afines. Aparecen previo a la actividad creativa, durante y al final que es cuando duele más. Cuando después de muchos esfuerzos, cuando creemos haber hecho la tarea y nos disponemos a ofrecerla, escuchamos estas frases, o las vemos acuñadas en una placa en el escritorio de productores o editores.
Como la que encabeza este artículo.

Son derroteros, frases irrebatibles que dichas con énfasis y contundencia por alguien con mucha reputación, calan en nuestra memoria y se quedan hasta ese día aciago en que, condenados desde que las escuchamos, llegamos a cometer el acto repugnante de repetirlas como si fueran nuestras. Perpetuamos la leyenda.
Una leyenda falsa que poco ayuda a quien quiera escribir.
No sin recelo las vuelvo a decir.

Ilustración de Tomas Ott

Cuántas veces hemos escuchado:
No empieces a escribir si no sabes el final.
No puedes escribir si no tienes claro lo que vas a decir

En alguna ocasión hemos visto acuñada en una placa metálica o de acrílico en grabado láser la frase:
Si no puedes resumir tu historia en dos líneas, tu historia no es clara.
O
Cuéntamela como si lo hicieras para un niño de 6 años.

Algún, muchos maestros pueden haber dicho:
Debes tener claro en qué género está inscrita la pieza, si en comedia, en drama, en tragedia.

Miles de colegas han expresado que:
Aquello que más causa terror es la página en blanco.

Cuántos espectadores, lectores, público y colegas nos han preguntado: 
¿Cuál es el mensaje?

Cuántos intelectuales no han expresado su contundente:
No puedes hablar de lo que no sabes.

Comienzo por este, por el final como no se debe.

No se debe.

Dentro de los muchos No se debe, está el de estar seguro de lo que se va a decir, de lo que se va a escribir.
¿Quién está seguro?
En Teatro, más que decir lo que se sabe, bien valdría la pena preguntar lo que no se sabe.
Sí, como un niño.
Se puede afirmar: De lo que no se sabe se puede hablar.


El mismo Wittgenstein[1], tan reputado en los círculos filosóficos y académicos tiene su famosa frase que es acuñada por los ilustrados de acuerdo a la ocasión:

Sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar[2].

¿De qué no se puede hablar en una pieza dramática, en un relato de ficción?
¿De la existencia de Dios?
¿De los lugares que no he visitado?
¿De las prácticas que no he realizado?
¿De la bondad de los violadores?
¿De las cuentas en las Islas Caimán de la Madre Teresa de Calcuta?

No sé si Julio Verne haya estado en Siberia para escribir Miguel Strogoff, creo que no. De lo que sí estoy seguro es de que no estuvo en la luna ni en el centro de la tierra. Y vean lo que resultó.

Sí.

De lo que no se puede hablar, es mejor no callar.

La Luna de Verne en versión de Georges Melies


Final.

Antes qué saber el final, podría preguntarme, ¿dónde está el final? o ¿qué considero final?, puedo decidir que la pieza se termine con el principio de la historia.
No siempre el desenlace es lo definitivo y no siempre es el antecedente de la palabra FIN.
Insisto en que el superobjetivo del personaje, el que al final logrará y le dará la felicidad anhelada, o no logrará y lo llevará a la tristeza suprema, por poner sólo dos ejemplos en una estructura tradicional, no resultan ser los más importantes de la obra.
Lo que sucede entre el principio y el final: los pequeños obstáculos (que nunca son pequeños) y los mecanismos para superarlos en ese recorrido para llegar a los grandes, es lo que verdaderamente va a darle poder y sustento a la historia.

Dramaturgo, director, investigador, maestro José Sanchis Sinisterra

El final es importante claro. Sanchis Sinisterra se pregunta ¿cuándo comienza el final?[3], habla del final como último gesto dramático, afirma que en esa firma de testamento el autor dice: “ésta es mi última voluntad… comunicativa” o “Esto es todo lo que quería decir” pero también: “No sé que más decir”; o “No hay nada más que decir”. 
En sus talleres proponía siete finales posibles. Cada uno con un valor diferente.
Claro que es importante, por eso hay que escribir la obra y acabarla, no acabarla antes de escribirla.

Los manuales de guión por lo general exigen que el final se de solo hasta cuando el héroe supere las adversidades y consiga lo que ha salido a buscar.

Dentro de los muchos posibles finales podemos diferenciar dos en concepto: Final Cronológico y Final Estructural. Uno está referido al tiempo como lo conocemos (1,2,3,4,5…10), y el otro a la sucesión de acontecimientos de acuerdo al orden que disponga el dramaturgo en la estructura elegida (9,5,7,2…1 o 1,5,9,3…etc.).


Harold Pinter. dramaturgo y Premio Nóbel 2005

En Traición (Betrayal) de Harold Pinter, la pieza comienza cuando dos ex amantes se encuentran después de un tiempo de dejar de ser amantes, es el final cronológico.
Este final cronológico sería lo menos importante si estuviera al final estructural de la obra, pero está al principio, y adquiere su valor verdadero al final estructural de la pieza. Los pequeños acontecimientos, en el orden en que el autor los pone (que no es el cronológico), le dan un carácter no solo informativo o de transición, sino definitivo.
Final y principio al mismo tiempo (Y en sentido contrario diría la Señorita Antioquia)

The End


¿Y si la historia no se acaba, el problema no se resuelve, no se cumple el objetivo, las preguntas no se responden, los cabos no se atan?
También puedo comenzar y terminar de escribir.
Narradores tan poderosos como Raymond Chandler, J.D. Sallinger, Raymond Carver saben dejarnos en sus relatos sin los finales que exigen las frases malditas.

Si no sé el final, claro que puedo comenzar, claro que puedo continuar y claro que puedo terminar. Terminar incluso sin el final.
Y comenzar no necesariamente por el principio.
Las obras que permanecen continúan, no terminan.

Nuevo para decir.

Una niña de familia evidentemente acomodada, vive una vida feliz con sus padres; el padre un día es llamado a la guerra dejando solas a su esposa e hija, la madre al poco tiempo recibe la notificación de que su esposo ha muerto. 

Ilustración de The Hapless Child de Edward Gorey.

La madre enferma y también muere, la niña queda al cuidado del abogado de la familia quien la deja en un internado donde la niña sufre tanto que termina escapando. 


Ilustración de The Hapless Child de Edward Gorey

Fuera del internado queda a merced de varios hombres con oficios dudosos, que la venden y la maltratan hasta que ella queda prácticamente ciega. 

Ilustración de The Hapless Child de Edward Gorey
Su último captor enloquece y ella sale a la calle, y al cruzarla un coche la atropella. Descubrimos que es su propio padre quien conduce ese coche y que en realidad no estaba muerto.

Ilustración de The Hapless Child de Edward Gorey

El padre va hasta la niña la levanta del piso, toma en sus brazos y al verla… no la reconoce.
Fin.

Esta es una historia de Edward Gorey, cuyo oficio es difícil de describir: ilustrador, escritor de literatura infantil de terror... cada uno lo ubicara donde mejor lo sienta. Autor de libros como: Los Pequeños Macabros (video)



El Ala Oeste y El Dios Insecto, La Niña Desdichada  -al (a la) que hago referencia-,

Sus narraciones navegan entre el estereotipo melodramático y la sorpresa permanente, por hablar solo de dos de las múltiples posibilidades que derivan de verlo o leerlo.

El inicio de las historias es de una simpleza extrema: una niña con su buena familia, una mujer comiendo uvas en el asiento de un parque, una mujer joven llamada Rose que se desmaya, o unos amigos que van cerca a una Estación para ver que pasa.
Allí parecería que no hay nada nuevo para decir, pero muy pronto o más tarde, las cosas toman tintes impensables, la niña muere por culpa de su padre (ya lo vimos), los amigos entran a un túnel del que no vuelven a salir, Rose acepta cualquier cosa que le propongan sin que sepamos por qué, etc.
Lo nuevo, puede no estar en la idea novedosa. Para utilizar una frase no tan nueva: muchas veces lo desconocido está en lo oculto de lo conocido.

Edward Gorey.


“Si no tienes nada nuevo que decir no lo digas” no vale con Edward Gorey, a veces las historias son tan repetidas y se sospecha tan definitivamente del final, que la anticipación se disfruta más que la sorpresa. La sorpresa en este caso es la inevitabilidad de lo esperado. A veces la sorpresa es tal que no es posible definir cuando nos “engañó”.
Un ejemplo más de aquel que dice aquello que quiere de la manera que quiere.
A su manera.

Teseo y Ariadna frente al laberinto.

Hablar o Callar.

¿Vale la pena repetir lo que ya está dicho?
Esta pregunta anularía en parte la defensa de lo ya dicho en el punto inmediatamente anterior.
De esa contradicción también se trata.
Si no tengo ninguna duda acerca de algo, si conozco las respuestas. ¿Con qué objeto escribo? ¿para transmitir mi gran conocimiento a los no iniciados, a la comunidad ignorante?
Debe haber una pregunta, una gran pregunta, o una pequeña pregunta desde la cual esté involucrado. Si sé las respuestas, para qué las preguntas, para qué ir a un concurso en el que ya sé que voy a ganar, no tiene gracia que Teseo entre al laberinto con GPS.

Mensaje.

Ante la insistencia del mensaje, ante la pregunta de cuál es el mensaje de nuestras obras, podríamos evadir la responsabilidad ética y decir como la Bailarina: “si pudiera decir con palabras lo que acabo de mostrar, no habría bailado una hora frente a usted”
Pero no. Hagamos un ejercicio de responsabilidad.
Más allá de que una obra plantee que esto o aquello “debe ocurrir” o “no debe volver a pasar”, recordemos que el Teatro no da respuestas, y que el accionar correcto frente a los débiles no siempre ayuda a los débiles y no siempre funciona en lo dramático.
Además, quién ha dicho que los otros son los débiles y no nosotros.

Flipper. TV años 70s
¿Es necesario volver a decir que hay que conservar los mares?
Posiblemente, pero no diciéndolo como ya se ha dicho.
El mar, el medio ambiente, los inmigrantes, los desplazados, las ballenas, los indígenas, los delfines, los latinoamericanos (¿que no sé muy bien qué es eso?)
Se han, nos hemos vuelto, temas permanentes en nuestra escritura: el personaje se ha victimizado y la victimización y sobrevictimización:
Debilitan el personaje.

El pobrecito mar
El pobrecito inmigrante
El pobrecito niño sicario

Están de antemano justificados, porque todos han sido dañados por la mano del hombre:
Si hay un Tsunami, una parte de la población dice que el mar está respondiendo por tanta agresión.
Si hay un robo de un afgano en Berlín nos solidarizamos con el afgano, por ser afgano y por estar en Berlín, sin preguntarnos más allá.
Un asesinato cometido por un niño o un adolescente de inmediato nos indica que hubo unos padres culpables o una sociedad que se merece ese tipo de castigo.

Un Mara

Cada una de estas conjeturas puede tener algo o mucho de razón, ciertos sectores de la sociedad han estado provocando sistemáticamente este tipo de conductas, pero no todos. Hay sectores que tratan de que no haya muros y son tan valiosos como los que buscan luchar contra el tráfico de inmigrantes para cruzar la frontera.
Y ahí no termina, la profundidad de una situación aunque sea la más ordinaria, es tal que una sola posición es endeble.
Ponerse definitivamente a un solo lado debilita la construcción del personaje.

Quien se conmueve con la situación de un palestino ante la fortaleza de Israel, por lo general se conmueve también con la situación de un judío en los campos de concentración alemanes, o bajo la monarquía española, o lo que sufrieron frente a las legiones romanas que les destruyeron Jerusalén. Cosa que también sufrieron los palestinos.
¿Entonces?
¿Nos vamos contra Roma?
¿Cómo?


¿Contra el Imperio Romano, contra Mussolini, contra La Lazio, contra el A.S. Roma?
!Malditos Cafú, Francesco Totti, Fabio Capello, Alessadro Nesta, Falcao, colaboradores de los equipos del Imperio Romano que destruyeron Jerusalén...!

Tomar partido porque sí, nos podría llevar a evadir la responsabilidad del dramaturgo de darle igual valor a cada uno de los personajes. Si no le doy la razón al monje pederasta que obliga a sus pequeños a que lo masturben como dicen algunas víctimas que lo hacía Marcial Maciel, no puedo escribir. 


Marcial Maciel.


Si sólo lo repugno no hay movimiento, no hay conflicto, y el primer conflicto lo debo tener conmigo mismo. Puedo juzgar en la vida, no en la escritura.
El mensaje puede estar en algún lado, refundido mejor, para el autor primero.
Poner al corpulento policía con la nuca roja golpeando al indefenso adolescente negro sin compasión, nos pone en un lugar seguro, no se arriesga mucho, hemos tomado partido y mandamos el mensaje contra la represión de los redneck contra los afro.
Pero no olvidemos que el dramaturgo debe querer a sus personajes como una madre quiere a sus hijos: por igual, igual al drogadicto, al homosexual, al ladrón y al que trabaja para mantenerlos a todos.
Esas mamás tampoco existen, pero supongamos.


La Madre de Whistler en versión de Rock Veitch.

Resumen en Dos Líneas.

Si no puedo resumir en dos líneas lo que tengo, mi historia también vale.
¿Alguien podría resumir en dos líneas alguna de las piezas de
Heiner Muller?, ¿en 20 líneas las de Schimmelpfennig?

Luisa Vargas, Leonardo Lozano y Adriana Romero en
La Mujer de Antes de Schimmelpfennig.
Dirección de Víctor Viviescas para Teatro Vreve

Podemos decir que no, porque a veces Heiner Muller y Roland Schimmelpfennig no tienen historias y aunque las tengan, no son historias para ser resumidas.
Thomas Bernhardt y Harold Pinter siempre las tienen pero uno no las descubre con mucha facilidad.
Y menos en dos líneas.

Género.


Hablar de comedia, tragedia, farsa, drama, melodrama en este país (incluso en el mundo de hoy en día), en una situación como la de este momento tan agitada y cambiante, es más que complicado, incompleto, precoz.
Cuando la gente aplaude a quien le hace daño como sucede en Colombia (¿desde la conquista?), no queda claro dónde comienza la tragedia y donde termina la comedia. Las elecciones, cada vez que las hay, demuestran eso (con excepciones): 
Escogemos lo peor.
No digamos Colombia, para no hacer referencia únicamente a los sub-americanos, como han decidido ahora llamarnos a los de estos lados, pensemos en una de las cunas del arte: Italia (siguiendo con lo del Imperio) por ejemplo. Un país desarrollado, europeo: al igual que nosotros varias veces han seguido a un delincuente. 


Me atengo a lo que dice para L'espresso Umberto Eco sobre los italianos: “El problema de Italia no es el presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi, sino una sociedad italiana enferma que le permite acumular poder” o "…no fue la energía de (Benito) Mussolini, sino la indulgencia de los liberales del momento lo que llevó a éste al Gobierno. He aquí por qué es necesario en ocasiones decir que no, aunque, de manera pesimista, se sepa que no sirve para nada. Al menos para que un día se pueda decir que se dijo"[4]

Hay (hubo) razones claro, pero las razones son casi tan absurdas como las que llevaron a los electores a la votación.
Es esto una tragedia, no, es una farsa, no, es un melodrama, no, es una pieza didáctica… mientras intentamos definirlo se nos va la vida, se nos pasa el tiempo.

También puedo tener claro el género exacto, por qué no, cualquiera puede decir: 
Yo quiero una comedia
¿Sobre qué?
Podemos volver a contar la vida y peripecias de un latino en Nueva York o
Puedo intentar con el stand-up
o
Podemos contar las maromas de un violador (¿El Padre Maciel?) buscando niños a la salida de las escuelas.

Y además insistiendo en que sea una comedia.


La Página en Blanco vs. La Página en Negro.

La búsqueda de lo nuevo, lo novedoso, lo innovador, ser el pionero y no el imitador. Es una insistencia de todo, o casi todo artista: ser un creador. Un creador no va a lo preexistente.
Pero puede que no haya que inventar una historia, ni comenzar a buscar algo que me sorprenda (por lo nuevo, diferente, distinto) y sea interesante para la gente, el público, mi familia, mis amigos, mi barrio, las mujeres que me despreciaron en la adolescencia (como dice Bergman).
Se puede parar.

Ilustración de Thomas Ott.

La página no está en blanco, está en negro.
Lo que se puede hacer no es buscar como llenarla, sino limpiar y encontrar las cosas que no se han dicho, o que se han dicho de otra manera.

Thomas Ott, un artista, un ilustrador, dibujante de historietas (Tales Of Terror, La Douane, La Bette a Cinq Doigts, Greetings From Hellville, Recuerdos de México...) trabaja con un fondo negro, su página está en negro y él la va arañando en búsqueda de lo que quiere. "carte-a-gratter" algo como tarjeta de raspar. Raspando o pintando con finura partes blancas sobre placas negras.

¿Cuál es nuestra página en negro, nuestra primer idea, el primer referente?
Nosotros.
Y no me refiero simplemente a la experiencia porque si no he tenido una relación homosexual o no estado involucrado en una matanza ¿entonces no puedo hablar de ello?

Ilustración de Thomas Ott.

Si la he pensado, como repudio o como aceptación o como deseo: Sí la he tenido.

Antes de ir al pensamiento correcto (las ballenas, el mar, los niños asesinos…), puedo ver qué tengo de desconocido y de incorrecto respecto a mi y al mundo. Ahí sí que puedo comenzar, no me quedará tiempo para la página en blanco.
No es un camino psicoanalítico no, es un camino creativo.

No es bueno ni malo que yo haya mirado los brazos del esposo de mi mejor amiga o que se me salga una leve sonrisa cuando una colega no triunfó, no me debo azotar por eso para curar la culpa que me da tener sentimientos mezquinos. 
Ahí hay material. 
Escritura Peligrosa lo llama Tom Spanbauer.


Dudo que la actitud artística sea esconder esos sentimientos mezquinos y vergonzosos, y emprender un camino de reparación y búsqueda de la paz interior.

Lo que puedo es tomar ese material tan normal y sano, y trabajarlo.

El referente: Va dirigido a las acciones, al hacer y a las consecuencias de ese hacer. No es la búsqueda de una emoción estática, no es lo que los actores llamamos “memoria emotiva”.

Preguntas.

Lo que me parece más cercano a un punto de partida, lo he estado repitiendo a lo largo de esta exposición es: Una pregunta.
Una buena pregunta.
Qué es una buena pregunta: una pregunta que genere movimiento, fricción, tensión, sobretodo en quien la hace.

El  movimiento depende de una maquinaria, de una estructura, de leyes que lo muevan desde adentro. El primero que lo planteó fue Aristóteles (en occidente) de eso hablaremos después.

A Manera de Conclusión.

Todo lo anterior no para crear nuevas verdades. Lo que propongo son caminos para evitar los bloqueos, mecanismos para desenredar las trabas en el momento de escribir.
“Malditas” puede ser una palabra fuerte cuando han sido emitidas por aquellos a quien les funcionó, como Cortazar y García Márquez, pero “malditas y muy malditas” si te detienen, si no te permiten continuar, fluir en la escritura.
Es inútil desconocer las reglas, lo mejor es conocerlas, incluso las malditas, y utilizarlas, reinterpretarlas, a lo mejor venerarlas, pero con la cautela de seguir adelante.
Trabajar en el doble estándar, sin determinismos, eludiendo el monopolio de los conceptos, creando los propios, produciendo lo que queremos, no lo ya producido.
Gracias.

Ilustración de Thomas Ott.




[1] Ludwig Wittgenstein. Tractatus logico-philosophicus. Alianza Editorial. 1973
[2] Tiempo después, Wittgenstein rechazó ciertas tesis de su primer obra. Desconozco si se refirió a su más famosa frase.
[3] José Sanchis Sinisterra. La Escena Sin Límites. Fragmentos de un discurso teatral. Capítulo: Cinco preguntas sobre el final del texto. ñaque editora. 2002
[4] http://espresso.repubblica.it/dettaglio/il-nemico-della-stampa/2104060&ref=hpsp

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobre La Originalidad

1. Cómo ser Rico.

“Hay dos oportunidades para ser rico en la vida mi amor”, decía una madre colombiana a su hijo, también colombiano, “La primera es cuando naces, o sea que ya perdiste una. La última cuando te casas, así que escoge bien”.
Otro amigo, colombiano también, la corregía. Decía: “no, la manera de ser millonario es tener una idea, una idea original”

Joseph Beuys
Eso suena muy bien, lo de ser original, lo de tener una idea original y ser millonario. Casi podría decirse que es el tema obligado de los libros, videos y audios más vendidos en la actualidad, que insisten en la obligación de la felicidad, la superación, el secreto, el éxito, los emprendedores…
Presión por ideas originales como las que tuvo quien se inventó el kinetoscopio, llámese Alba Edison o quien realmente se lo inventó. Ideas como las de ese a quien se le ocurrió el daguerrotipo, la fotografía.
Ser James Watt viendo la tapa de una tetera moviéndose por la fuerza del vapor, para inventarse luego la revolución industrial y cambiar la historia del siglo XIX (y de los siglos siguientes).
Cuando los presocráticos pensaban, y solo pensaban, y decidieron que el origen estaba en aquello que se repetía: el agua, el fuego, el ser, el número, emitieron las primeras ideas originales.
Todo era agua y nadie se había dado cuenta antes, todo era fuego y nadie se había dado cuenta antes, todo era número y nadie se había dado cuenta antes.

¿De qué no nos estaremos dando cuenta? ¿De cuantas ideas originales estaremos distraídos, cuántas están pasando? ¿De qué más estará hecho todo y no nos damos cuenta?



2. La Originalidad del Delito.

Cuando el primer hombre que secuestró un avión y no pudo ser condenado, porque el secuestro  de aviones no estaba estipulado en ningún código, este hombre estaba inaugurando una práctica inédita: los delitos no clasificados.
Esa es una idea original pero al revés.
No es una creación para el bien sino para el mal, y el teatro es una forma del bien. Digo esto con toda la ambigüedad que encierra el concepto del mal cuando se refiere a los fines y los medios.
Respecto al delito somos pioneros: En 1996 se realizó la captura de una paloma de la cárcel de Buga que fue amaestrada por un preso para entrar y salir de la cárcel. Alguien desde afuera le amarraba 8 gramos de marihuana en las patas y volvía a la cárcel con la mercancía. 


Paloma de Sao Paulo (Brasil), pariente de la de Buga (Colombia)


Han habido más palomas en la historia de este delito, la que fue capturada hace poco con un celular por ejemplo. Las de Buga ya no existen, después del incidente las fuerzas de inteligencia de la cárcel  mandaron matarlas a todas para acabar de raíz con ese grupo tan peligroso.
Hay muchas ideas originales en este país (cada país tiene lo suyo), alrededor de cómo camuflar la cocaína para pasar las aduanas: Ponerla en naranjas selladas, o fabricarla de color negro, o almidonar con ella pantalones para exportación. De todo se hace.
No contemos con el soberbio dominio de los estatutos y códigos para poderlos reinterpretar.
¿Cuál es esa idea que necesitamos nosotros?
Me pregunto: No la del delito, la del otro lado, la del lado de acá, la del bien.


3. Una Revelación.



La tortura por tener una idea original se me diluye cuando después del tiempo escucho a un amigo colombiano que le dice a un amigo argentino:
“Argentino, te tengo la mejor idea para una obra tuya” y el argentino le responde
“Colombiano, ideas tengo todos los días, lo que necesito es tiempo para desarrollarlas”
Fue una revelación.
William Shakespeare
Tal vez ahí está la respuesta. Una de las respuestas.
Cuando uno lee Shakespeare, a veces no lo puede creer y a veces le aburre, pero  siempre la conclusión es que era un genio.
Ninguna de las ideas iniciales de las piezas de Shakespeare fueron suyas, todas ya se le habían ocurrido a otros. Sus grandes ideas comenzaban tomando ideas de otros. Hubiera podido tomar como ejemplo a Lope de Vega o a Picasso, sobre los que hay suficiente bibliografía acerca del tema, pero insisto con Shakespeare.
El Rey Lear está basada en Historia de los Reyes de Bretaña de Godofredo de Monmouth, Hamlet en la Historia Danicae del historiador danés Saxo Grammaticus, (para otros de la traducción al francés de Belleforest con el título de Historias Trágicas), Tito Andrónico es un Tiestes de Séneca revisitado y Coriolano es una casi transcripción de las Vidas Paralelas de Plutarco. Entonces uno puede pensar que la originalidad no residía en el argumento, que la genialidad de Shakespeare o de Marlowe o de Tomas Kid, quien quiera que haya sido el Shakespeare original, no estaba en la historia, estaba en el desarrollo de la historia.
Tito y Tamora (Álvaro García y Liliana Escobar).
Mosca. Versión del Teatro Petra

4. Hipótesis.

Después de tantos ejemplos (hay historias suficientes como para no terminar), uno puede decir que la originalidad no está en el punto de partida sino en el punto final, que es la historia desarrollada, la que es verdaderamente valiosa, las demás, las iniciales, son solo entusiasmos, y nada es hecho con solo entusiasmo.
Más allá de eso, cabe preguntarse si entonces se debe trabajar más sobre el resultado final que sobre la idea inicial, y la respuesta puede ser que no, que:
Es el tratamiento la verdadera función del creador. Son los procedimientos los que determinan la fortaleza del final.
Muchas veces comenzamos a leer una historia que nos da la sensación de que ya la hemos leído, y ese Deja Vú, de un momento a otro desaparece. Ahí la traición, el plagio, la paráfrasis, se evaporan y se vuelve creación original.
¿No es el Edmond de Mamet un Remake de La Vida es Sueño o del Calderón de Pasolini, que a su vez es un remake de Calderón de la Barca. No es Circ Du Solei una revisitación permanente de Alicia de Carroll, no es Coraline de Neil Gaiman, una Alicia más fiel en lo que respecta al espejo, no es la aprobación de un referendo en el siglo XXI en Colombia una copia tropical de las componendas de los Tudors, o de las intrigas monárquicas en pleno periodo claudiano del Imperio Romano?


La Balsa de la Medusa de Gericault y el Remake de Peter Witkin

Para asumir la originalidad hay que asumir el remake. Si traducimos remake nos daría “rehacer”, y si definimos rehacer nos encontramos con reparar, reconstruir. Ahí, en ese reconstruir me instalo. Reconstruyo pero a mi manera, mejor o peor, no sé. Es en el recontextualizar y en el reinterpretar donde el revisitar tiene sentido.
El complejo de Edipo no es original de Sófocles, es original de Freud. Hay una recontextualización, una vuelta al origen pero por otro camino.
La reinterpretación y la recontextualización es lo que hace válida y visible esa originalidad, que en principio se encontraba en la pieza de partida.

5. Sobre la Guerra (otra vez)

Se critica constantemente en nuestro territorio, la profusión de piezas sobre la violencia en Colombia, “que la mala imagen del país, que debemos hablar de las cosas buenas, que Colombia es su gente, que es pasión, que basta ya de hablar de las cosas malas, de la violencia, que hay más cosas” y evidentemente las hay, y evidentemente hay gente que habla de ellas. Pero también es cierto que nuestra imagen, no hacia el exterior sino hacia el interior, se deteriora por la ausencia de opinión, por la incapacidad de discutir y disentir sin matar o morir (no hablo en sentido figurado). La violencia debe tener su opinión, y esa opinión aún no ha sido original. Por lo menos no lo suficiente. A lo mejor no nos hemos dado cuenta de que sí, que Colombia es su gente y que es su gente la que comete actos violentos, pero también puede cometer actos acerca de la violencia que no sean violentos, sino que sean poéticos. Ahí es donde comienza nuestro trabajo.
La ETA, el IRA, las FARC, Sendero Luminoso, todos ellos han sido señalados en varias partes como grupos terroristas.
Hay muchas piezas sobre la violencia en Colombia, y también en Irlanda. ¿Qué hace entonces que El viento que acaricia el prado de Ken Loach reciba en 2006 la Palma de Oro de Cannes, el premio más prestigioso del cine mundial,  siendo una obra que habla del nacimiento del IRA. Un grupo denominado terrorista durante muchos años, que sufrió atrocidades y cometió atrocidades?. El premio, después del 11 de septiembre y de los atentados terroristas en Europa, y del miedo que esto causa por esos lados en la población de esos lados, evidentemente no es un premio al terrorismo, ni a la violencia, ni a la mala imagen que se da de Irlanda en el exterior, es un premio a una idea. Idea  que en principio no es nada novedosa, pero que en su desarrollo sí. Es decir, un premio al desarrollo de una idea, de una historia, enmarcada más en el campo de la poética que de la política. Paradójicamente, en la película, antes de cada asesinato tu sientes el valor primordial de lo esencial: la vida. Antes de cada ejecución uno pide que se arrepientan.
Bueno, yo.
Evelio José Rosero Diago cada día recibe más elogios, sobretodo en el exterior,  por su pieza Los Ejércitos. No hay que repetir de que habla.
El problema del planteamiento nuestro acerca de la violencia se sigue repitiendo. Tal vez muy tibio, tal vez teñido de ingenuidad para enmascarar el miedo. Esa ingenuidad se torna peligrosa.
Ha sido hasta ahora más poderosa la polarización que la reflexión, el odio que la abstracción.

6. Sobre el riesgo.

A veces pensaba que la originalidad se sostenía simplemente en el arrojo y en el riesgo, ser original era ser arriesgado, pero ahora pienso que en el afán por ser un neo neo punk, o pertenecer a las vanguardias posdramáticas, o lanzarse como suicida (no en la estética de los emos sino en la de los que trabajan con nombres propios y son capaces de señalar) no está la creatividad.

Shigeko Kubota

Shigeko Kubota, fue la primer mujer que pintó con la vagina, fue una precursora, era 1965. La segunda mujer que lo hizo, pudo ser una coincidencia, pero la mujer número 2000 que pinta con la vagina y que además se dedica al paisajismo ya me parece triste. Hay niveles de revisitación. Si tengo la exposición de abstractos de mujeres que pintan con la vagina no asisto a nada original.
El tipo de arrojo de Orlan, la artista francesa que utiliza su cuerpo como centro de experimentación, es una expresión bastante polémica de ratificar la osadía. Un llamado a revisitar el concepto de originalidad.

Orlan. En varias etapas

¿Sirve en este momento el escándalo?
He visto en este siglo exposiciones repetidas, donde aparecen niñas vestidas como muñecas, teñidas de sangre, miembros que simulan una mutilación, y me llevo sorpresas al descubrir que en los años 20 del Siglo XX en Colonia, Alemania, en una exposición organizada por J. T. Baargeld y Marx Ernst, el visitante tenía que pasar primero por unos urinarios en cuya puerta una niña vestida de primera comunión recitaba versos obscenos. Otra de las obras que se exhibía estaba constituida por un acuario lleno de agua teñida de rojo, imitando a la sangre donde flotaba una cabellera de mujer y al fondo yacía un brazo junto a un despertador. Reitero, era en 1920. 


Pieza de Socíetas Raffaello Sanzio

Los conejos (por no hablar de los cerdos), no sé por qué razón se volvieron un símbolo de lo macabro, pero también de lo erótico, y sobretodo de lo contemporáneo. Hay niños con cabezas de conejo en los espectáculos de Romeo Castellucci, bailarines con cabezas de conejo en los videos de Marilyn Manson. En las revistas de moda las más famosas del país se desnudan sobre un peluche de conejo. 


Joseph Beuys


¿Dónde nació esto? Para algunos en la Alicia de Lewis  Carroll, para mi 100 años después, en 1960 con Joseph Beuys en “Como explicar el arte a una liebre muerta”, después de aquello adquiere poder en muchas opciones artísticas antes mencionadas y se debilita en la publicidad y el soft porn.



El escándalo tiene la propiedad de dejar una estela. Todo el que asiste a un escándalo lo repite durante un tiempo, lo comenta, lo cuenta, reflexiona, sigue con él en la palabra y el pensamiento, es decir: lo multiplica. Después, más rápido cada vez, deja de ser escándalo y se vuelve producto (La Revolución sexual, el Ché, Los Punk) . ¿Hay algún equivalente del escándalo que pueda ser inmune a la esterilización del mercado? ¿O encontrar muchos equivalentes también lo estandarizaría?


7. Volver al teatro.

La mimesis en sí misma es ya un remake (disculpas por utilizar el término en inglés pero se me acaban los sinónimos). Las primeras clases de teatro las recibimos sobre la mimesis y el concepto de mimesis:
Imitación.
Primer error, no es imitación, es apropiación. Más que de un gesto, de una cualidad, es de todo, se convierte en propio.
Toda la etiqueta y la normatividad del protocolo para la vida doméstica y en gestos precisos, como el comer con cubiertos, se manejan en la actualidad como propios, pero hubo una primera vez donde alguno le dijo al Rey de Francia que no estaba bien visto volver a meter la pierna de pavo en la sopa una vez la hubiera mordido y él lo aceptó y a partir de ahí comenzó a mirar con reprobación a los miembros de la corte que se atrevían a hacerlo. Ellos miraban al rey y lo seguían, luego aparecieron los cubiertos. De un momento a otro estos gestos comenzaron a formar parte de la reputación de una persona y el símbolo de su pertenencia a determinada clase social.


Luis XIV. Escultura de Stefano Santorello,
pintura de Marion Ball.

No fue imitación, fue apropiación y la apropiación del gesto se volvió ley natural.
Eso nos lleva a otro tipo de originalidad: En Baudolino de Eco, el rey le pregunta a Baudolino como hacer para decir cosas interesantes, ya que él es un Rey. Baudolino le responde:
“No tiene que buscarlas. El hecho de que las diga usted, por ser su majestad ya las vuelve  importantes”.
En algunas épocas en Colombia las cosas no han sido diferentes.

8.  A Manera de Conclusiones.

En la búsqueda de una idea original, del origen, vuelvo a los presocráticos y llego a la conclusión de que el origen está en lo que se repite, ya sea el agua o el número, o el ser. Para ser original hay que ver qué se repite.
Concluyo que el riesgo está en la extensión, en la permanencia, en perseverar en la búsqueda si está sostenida en el ensayo y error.


Una de las Máquinas de Herón

Descubro que la máquina de vapor patentada por James Watt a finales del siglo XVIII ya tenía un diseño previo en el año 10 dC hecho por Herón de Alejandría y se llamaba Eolípila.
Descubro que lo que digo aquí, ya lo había dicho Warhol, y no solo él.


Fabio Rubiano Orjuela.
Dramaturgo y Director
Teatro Petra.
Profesor de la Maestría de Dramaturgia
Universidad Nacional De Colombia.


Bibliografía.

Shakespeare Nuestro Contemporáneo.
Jan Kott

La Sociedad Cortesana
Norbert Elías.

La Invención de lo Humano.
Harold Bloom.

Destinos Personales.
Remo Bodei.

Literatura Mimesis y Antropología.
Rene Girard.

Mito y Tragedia en la Grecia Antigua.
Jean Pierre Vernant.

No es por aguar la Fiesta.
Antonio Caballero.

La Euforia Perpetua.
Pascal Bruckner.

Los Gestos.
Vilem Fluser.

El Ascenso de la Insignificancia.
Cornelius Castoriadis.